Felicidad en Pandemia

Cada 20 de marzo, día internacional de la Felicidad, desde el año 2014, se entrega el informe del “World Happiness report”.


Puede parecer un tanto inapropiado pensar en esto dada las circunstancias que mundialmente vivimos el año 2020 en cuanto a dolores, infelicidad y muchas emociones negativas. Sin embargo, los resultados del informe nos regalan una historia sorprendente y es que, en todo el mundo, la confianza y la generosidad nos ayudaron a afrontar la crisis y da cuenta de una "resiliencia casi asombrosa" que ha sucedido.


Tenemos claro que hubo mucho mayores niveles de ansiedad, preocupación, tristeza, estrés e incertidumbre en 2020 comparado con otros años, sin embargo, en todo el mundo y en promedio, no hubo cambios en nuestros sentimientos positivos o nuestra satisfacción con la vida, incluso hay evidencia que señala que muchas personas se recuperaron luego de unos meses.


¿Cuál entonces ha sido la fórmula para que esto sucediera? Aquí está la hermosa sorpresa: “Nuestra confianza mutua fue crucial para navegar en esta crisis, tanto como individuos, así como sociedades”


El reporte de Felicidad Mundial usa una escala de 0 a 10, donde 0 es la peor vida posible y 10 es la mejor vida posible, y la pregunta es: ¿dónde te posicionas tú en esta escala? Para medir esto usa 6 variables que permite clasificar en niveles de felicidad a los países, estas son:

Producto Interno Bruto (PIB), expectativa de vida sana, relaciones sociales, libertad, generosidad y ausencia de corrupción.

Este año, es decir el 2020, el Reporte Mundial de la Felicidad analizó en detalle el posible efecto que tienen la calidad de las relaciones interpersonales y también las instituciones sociales.


Las personas que confían más en sus instituciones y tienen alguien con quien contar, señalan mayores niveles de bienestar ya que tienen más y mejores recursos para hacerle frente a situaciones negativas como: Temor, ansiedad, mala salud, desempleo, pérdida de ingresos, discriminación, crisis familiares entre otras.


Contar con un ambiente social de confianza es un tremendo soporte directo que impacta en la calidad de vida individual, además, reduce el gasto que hacemos al enfrentar las adversidades, permitiéndonos tener mayor bienestar. Pilares como una red de apoyo social y familiar junto con bajos niveles de corrupción son factores importantísimos para aumentar la Felicidad además de reducir la desigualdad.


No es sorpresa, al igual que en años anteriores, los países escandinavos clasifican como los más felices del mundo: Finlandia, Islandia, Dinamarca y Suiza lideran el reporte de 2020. El economista Richard Layard de la London School of Economics señala: “Deberíamos aprender de los países escandinavos, que son uniformemente más felices que, por ejemplo, el Reino Unido o los Estados Unidos. Hay lecciones importantes que aprender: no es necesario darle la espalda a la economía, pero no es el fin de todo. Las relaciones humanas son extremadamente importantes y deben recibir mucha atención; no debemos sacrificarlas en nombre de la eficiencia económica. Tampoco debemos sacrificar las relaciones humanas en el trabajo, renunciar a nuestro equilibrio entre el trabajo y la vida personal o volver locos a nuestros hijos en sus escuelas secundarias”.


Dentro del cuestionario que aplican los investigadores se les pregunta a los participantes acerca de sus experiencias el día anterior, incluidas las emociones positivas (si sonrieron, rieron o sintieron placer) y negativas (si se sintieron preocupados, tristes o enojados). Si bien las emociones positivas no cambiaron en 2020 en comparación con años anteriores, más personas se sintieron preocupadas (42%, frente al 38%) y tristes (26%, frente al 23%). Cuando los investigadores profundizaron para observar las encuestas realizadas a lo largo de 2020, surgieron algunos patrones esperanzadores.

En los primeros meses de 2020, cuando se inician los confinamientos, las emociones negativas se dispararon, pero una vez transcurridos algunos meses, las emociones positivas empezaron a volver. Tanto así que más del 40% de las personas pudieron hacer frente a la pandemia relativamente bien en ambos momentos.


¿Qué nos hace tan resistentes, incluso si parece que no lo somos?

En todo el mundo, las personas tienden a creer que sus vidas van mejor cuando tienen dinero, salud y alguien con quien contar, y cuando son generosos con los demás. Las personas más satisfechas se sienten libres para tomar decisiones sobre la vida y confían en las instituciones públicas. Estos factores aún importaban en 2020, pero la pandemia pareció cambiar ligeramente su valor. Si bien los ingresos se volvieron menos significativos para la felicidad, por ejemplo, ser generoso se volvió más importante.

Una de las razones por las que mostramos tanta resiliencia puede haber sido la confianza que muchas personas tienen en sus comunidades.

Este año, nuestro sentido de confianza se profundizó cuando vimos a los jóvenes ayudar a los ancianos, a las personas que se unían en línea para obtener apoyo y a otras personas creando paquetes de atención para los trabajadores de la salud.


Los autores del Reporte escriben: La pandemia ha brindado muchas oportunidades de ver la bondad de los demás. Si ver estas bondades ha sido una agradable sorpresa, entonces el aumento resultante en la benevolencia percibida ayudará a compensar los costos más ampliamente reconocidos de ingresos y empleo inciertos, riesgos para la salud y vidas sociales perturbadas.


Si todo lo anterior suena como una imagen demasiado optimista, podría serlo. Obligado a realizar encuestas telefónicas, es posible que el Informe mundial sobre la felicidad no haya llegado a las poblaciones más afectadas por la pandemia: las que viven en hogares de ancianos y prisiones; los vagabundos; los padres y madres agotadas, que trabajan y educan en el hogar que no tienen tiempo para una llamada telefónica. Y aunque mostramos resiliencia como un globo, fue desigual. En muchos sentidos, la pandemia parece haber exacerbado las desigualdades existentes en la salud y el bienestar de las personas.


Por último, el Reporte nos entrega lecciones para el futuro del trabajo:

Si bien la crisis en sí podría terminar pronto, su impacto en el mundo del trabajo mundial bien podría perdurar. A raíz de la crisis, es posible que algunos trabajadores comiencen a buscar trabajos más significativos y que cuenten con sólidas redes de apoyo social, mientras que otros pueden comenzar a priorizar los ingresos y la seguridad laboral. La evidencia preliminar en el inicio de la crisis actual sugiere que los jóvenes que experimentaron pérdidas financieras y de salud como resultado de la pandemia tenían más probabilidades de reportar incertidumbre profesional y preocupaciones financieras. Si bien aún es demasiado pronto para saberlo, el impacto de la pandemia en esta generación de jóvenes puede resultar en un panorama cambiante de valores y expectativas laborales en los próximos años.


A corto plazo, quizás el cambio más destacado provocado por la pandemia ha sido la necesidad de trabajar desde casa para quienes pueden. Si bien los trabajadores han informado de leves disminuciones de la productividad durante la crisis, también han experimentado beneficios inmediatos, como una mayor autonomía y evitar el desplazamiento


Al percibir una revolución en el lugar de trabajo, algunas empresas ya han decidido deshacerse de sus oficinas por completo. Sin embargo, esto corre el riesgo de pasar por alto importantes impactos negativos potenciales del trabajo a domicilio a tiempo completo. Este cambio podría socavar el capital social e intelectual, lo que podría dañar a las empresas y a sus empleados a largo plazo. Si bien las investigaciones anteriores han encontrado algunos beneficios claros en la productividad para los trabajadores a domicilio, también encontraron que es más probable que se los pase por alto para los ascensos, una clara indicación de la necesidad de generar capital social con los colegas. Construir relaciones significativas con los compañeros de trabajo, especialmente con la gerencia, es fundamental para la satisfacción laboral y con la vida. Trabajar desde casa todo el tiempo no lo permite en la misma medida que en la oficina.


En el futuro, será importante mantener los beneficios de trabajar desde casa y, al mismo tiempo, permitir que los empleados y las empresas desarrollen y mantengan su capital social e intelectual. A lo largo de la pandemia, la flexibilidad se ha convertido en un impulsor del bienestar en el lugar de trabajo aún más importante de lo que ya era. Incluso trabajar en la oficina uno o dos días a la semana puede proporcionar a las personas la red, la rutina y la identidad necesarias para respaldar el bienestar. Un modelo de trabajo a domicilio flexible que ofrezca a los empleados oportunidades para establecer contactos, colaborar y socializar en persona podría proporcionar las entradas necesarias de capital social e intelectual y generar grandes dividendos de productividad. Estos y otros conocimientos derivados de la ciencia aplicada al bienestar pueden ayudar a las sociedades a reconstruirse mejor en el mundo posterior a una pandemia.


Es muy esperanzador ver que el mundo camina hacia políticas públicas y privadas que ponen a los individuos y a su bienestar en el centro. Se canalizan y producen, cada día más, estrategias que miran más allá del ingreso de un país y su capacidad de producción, para conocer, trabajar y aumentar los factores que aumentan la felicidad de las personas, y en definitiva de los países.


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